UN DESEO NO LLAMADO TRANVÍA.

Sin diálogo, sin criterio, sin información, sin debate, sin razón. Éstos parecen ser los únicos pilares sobre los que se cimienta la penúltima locura que este equipo de Gobierno PSOE-CHA pretende poner en marcha, que no es otra que pretender contratar las obras del tranvía Norte-Sur a tres meses de las elecciones, tratando de hipotecar con una irresponsabilidad sin límites el futuro de esta ciudad y de sus ciudadanos.
Desde su llegada al poder, los zaragozanos hemos asistido atónitos a la delirante forma de hacer política que han practicado Belloch y su ¿socio? de Gobierno, Chunta Aragonesista. Hemos visto de todo. Subidas espectaculares de impuestos, contradicciones e incoherencias políticas de primer orden, conflictos con mil y un colectivos, paralizaciones judiciales de obras, derrumbes de edificios en remodelación… Sin embargo, la sinrazón y la obcecación con el tranvía bate todos los récords del dislate, y sencillamente clama al cielo.
Fuera de la legimitidad que engloban todas las posturas posibles acerca del modelo futuro de transporte que necesita la ciudad, lo cierto es que en Zaragoza no ha existido ni un minuto de debate serio, con fundamentos y criterios técnicos, con el que poder reflexionar sobre si lo mejor para los intereses de los ciudadanos es la puesta en marcha de un tranvía, de un metro, o de una red de autobuses articulados. El equipo de Gobierno ha sido incapaz de dar la oportunidad a las fuerzas políticas, sociales, vecinales, empresariales o profesionales de debatir, pactar y buscar un mínimo consenso, tan necesario en un tema de la trascendencia del transporte público.
Belloch y Gaspar no parecen darse cuenta de que este asunto trasciende al equipo de Gobierno actual, y al que tenga que venir después. No nos pueden imponer el tranvía. La decisión política sobre el nuevo modelo de transporte necesita consenso y unanimidad, tanta o más que la que ha predicado el alcalde en el famoso episodio de la renovación de la contrata de basuras. El problema es que el equipo de Gobierno “maltrata” la palabra consenso –CHA directamente no la conoce-, utilizándola a su antojo y sólo en los momentos y escenarios que le resulta interesante y rentable. Así llevan haciéndolo casi cuatro años, en los que la deriva de Belloch le ha llevado a ofrecer grandes pactos –nunca cumplidos- a la oposición en el debate del Estado de la Ciudad, justo cinco minutos después de echar a PP y PAR, por la puerta de atrás y de malas maneras, de la Junta Local de Gobierno.
No vamos a insistir aquí en el gravísimo error que supone pretender cruzar un tranvía sobre raíles de norte a sur de Zaragoza. No hace falta haber viajado mucho para descubrir el modelo elegido por grandes ciudades como París, Londres, Marsella, Praga, Bucarest, Oslo, San Francisco, Bruselas, Nuremberg, Lyon, Nápoles, Detroit, Vancouver, Moscú, Delhi…. Son sólo parte de una larguísima lista de casi cien urbes, muy distintas entre sí en cuanto a número de habitantes, desarrollo socio-económico o perfil poblacional, pero todas ellas han tenido muy claro que el metro es la solución óptima para mejorar la movilidad de sus núcleos urbanos.
Y aquí, en las capitales españolas, más de lo mismo. Barcelona, Madrid, Valencia o Bilbao, las capitales nacionales que deberían servir de espejo para Zaragoza, tienen una red de metro que atraviesa sus cascos urbanos, y utilizan el tranvía –las que lo hacen- como un servicio completamente secundario y siempre accesorio al metro. Sevilla, Málaga e incluso Palma de Mallorca tienen su proyecto de metro en marcha. Aquí nos miramos el ombligo y tiramos una línea de tranvía por mitad de la Gran Vía, y queremos unir por raíles, parada a parada, los numerosos kilómetros que separan San Gregorio y Parque Goya con Valdespartera y la Feria de Muestras. Impresionante.
Señor Belloch, de verdad, pare esta locura, por lo menos hasta que los ciudadanos elijan a sus representantes el próximo mes de mayo. No hipoteque con sus errores la gestión del futuro, y permita que la ciudad opine sobre el modelo de transporte que quiere, que de una vez por todas exista un verdadero debate. Piense en propuestas y modelos de futuro, no en fórmulas obsoletas del siglo XIX. Han permanecido más de tres años sin mover un dedo en este asunto. No quieran dejarlo todo atado en menos de tres meses.
Artículo de Manu Blasco.

